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El positivismo ¿es positivo?

Si hacemos caso a Mr. Wonderful parece que uno no tiene derecho a estar triste, pero para gozar de una salud mental sana hay que tener en cuenta que todos los sentimientos son importantes. Muchas veces la tristeza es la que te saca esa sonrisa nostálgica cuando recuerdas aquel momento tan especial. El miedo hace que te cubras las espaldas cuando vas solo por la calle y la rabia saca tu vena más pasional callando tus miedos.

Tener días malos, irónicamente, no es algo malo. Los últimos meses hemos vivido en una incertidumbre que nos ha provocado, a muchos de nosotros, bajones emocionales. No hay de qué preocuparse, tenemos que aprender a gestionar nuestras emociones, también las negativas, para convivir con ellas.

No tenemos el poder de decidir lo que sentimos, y parece que actualmente el estar triste es una enfermedad, como si las emociones “no agradables” fueran algo que tenemos que eliminar de nuestra vida. Todos hemos escuchado aquello de que si eres positivo y optimista esto hará que la vida te vaya mejor, porque lo positivo atrae a lo positivo… Chorradas.

Debemos aprender a estar menos pendientes de lo que sentimos, y centrarnos precisamente en sentir lo que cada momento o situación nos genere. Tenemos que vivir mirando más allá de nuestro mundo interno, ya que mucho de lo que sentimos no nace de nosotros, si no de las relaciones que tenemos con el mundo.

El positivismo tóxico acaba con nuestros nervios. Te lleva a sentirte mal por sentirte mal, y a esconder tus verdaderos sentimientos. También conlleva que se invaliden los sentimientos de una persona, ya sea consolándolos con un “podría ser peor”, atacándolo o castigándolo por expresar los sentimientos negativos, o ignorándolos.

Para evitar esta situación, es necesario aceptar las emociones como información o guía, lo que te ayudará a sobrellevarlas y disminuir su intensidad. Ser positivos no es algo malo, tratar de ver el lado bueno de las cosas sirve como apoyo para seguir adelante día a día, pero es igual de importante escuchar lo que nuestras emociones nos quieren decir, y reconocerlas y darles su lugar aunque sean negativas.

Intentar ser positivo siempre es muy cansado, mientras que aprender a procesar los sentimientos nos ayuda a conocernos y a comprendernos mejor, tanto a nosotros mismos como a los demás.